ORIGEN DE LA SERRANÍA DE LA
SERRANIA DE MACUÍRA
Un cacique tenía su
choza en la Sierra Nevada de Santa Marta, desde donde miraba los rostros de sus
tres hijos que vivían con él. Una noche soñó que ellos se alejaban hacia el
norte de La Guajira. Esta concepción lo persiguió una y otra vez hasta que una
noche de marzo, angustiado por el sueño, se levantó a ver si sus hijos estaban
dormidos y se sorprendió: ellos no estaban en el dormitorio. Alarmado, miró
hacia el norte y allí estaban tres importantes picos. Eran sus tres hijos que
se habían convertido, formando desde su base, la Serranía de la Macuira.
La Mojana es una mujer diminuta, de cabellos dorados, tan
largos que le llegan a hasta los pies volteados. Vive en una casa de piedra
construida debajo del agua, donde cría diversos animales domésticos y donde se
baña con una totuma de oro. Antes se le veía con frecuencia por el cerro de
Juanché, donde era muy fácil percibir sus huellas después de los aguaceros.
Rapta a los niños que se van a bañar en sus dominios y los
lleva a su morada subacuática. Para evitar la acción de la Mojana sobre los
niños, es necesario amarrarles un cordón especial, tanto en el cuello como en
la cintura.
EL HOMBRE CAIMÁN

Cuenta la historia que en El Plato, Magdalena vivió un hombre al que le gustaba espiar a las mujeres cuando se bañaban desnudas. El deseo de tenerlas cerca sin que lo vieran lo llevó a pedirle a un brujo que le preparara una pócima que lo convirtiera en caimán, para poder navegar por el río sin ser visto.
El brujo le hizo dos bebidas, una roja para volverse caimán y otra para ser nuevamente hombre. Cuenta la leyenda que un amigo lo acompañó y cuando lo vio convertido en caimán, dejó caer la botella que contenía la poción para volver a ser hombre. Sin embargo, una gotas cayeron en su cabeza y por esa razón terminó siendo mitad hombre mitad animal. Dicen los pescadores que se aún se aparece en el río asustando a las mujeres hermosas y a las lavanderas.


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